¿Por qué gritan “tanto” algunos niños con discapacidad intelectual?



Hoy voy a tratar de daros algunas explicaciones habituales a un asunto tan llamativo para los “neurotípicos”. ¿Por qué gritan tanto algunos niños con discapacidad intelectual?

Primero de todo, quiero que sepáis que en situaciones de crisis (ya sea en ambiente público o privado), ni la familia ni el niño lo están pasando nada bien. Igual a ti te duele la cabeza de oírlo, pero a ellos les duele directamente el corazón. Tolerancia, por favor.

Y no, no funciona pedirles que se callen o dejen de gritar. De hecho, es bastante probable que en casos de mayor necesidad individual no sean capaces ni de comprender la orden como tal. Si hubiese un camino fácil, no estarías oyéndoles gritar. Si te cruzas con una familia en mitad de una crisis, trata de apoyarles o de ofrecerles ayuda. En caso contrario, al menos no les molestes o agobies para que se vayan a otra parte o lo resuelvan al instante.

Es importante partir de la base de que no todos los niños con discapacidad intelectual gritan a menudo. Estas situaciones pueden ser puntuales. O no. Hay casos en los que los gritos, las ecolalias y determinados sonidos se producen de forma repetitiva y descontrolada.

Ten en cuenta también que las ayudas en atención temprana escasean, que en los colegios no hacemos milagros y que a partir de cierta edad dejan de recibir ayudas económicas para financiar terapias. Todo eso influye a la hora de abordar determinadas conductas como los gritos.

¿Y por qué gritan?

Cada niño o niña es un mundo. Influyen variables como las habilidades comunicativas, el estado de salud, las características nucleares del propio trastorno que pueda presentar, las dificultades en comprensión y adaptación al entorno, etc…

En función de todos estos aspectos, las explicaciones más habituales suelen ser:

  • Le duele algo y no puede comunicarlo de forma funcional. O bien con lenguaje oral, o bien utilizando algún sistema de comunicación aumentativa. (Gestos, PECS, tablet…)
  • Algo en el ambiente le genera malestar. Algún sonido casi imperceptible, una luz intermitente, un olor, una textura…
  • Cambios en la rutina. Por mínimos que sean, pueden generar gran malestar.
  • Está cansado/a tras un día largo.
  • Lleva tiempo acumulando ansiedad.
  • Se avecina un evento no deseado. Médico, dentista, viaje…
  • No comprende alguna parte de la rutina. Ausencia de accesibilidad cognitiva y apoyos para la comprensión.
  • Simplemente está enfadado/a y no sabe cómo comunicarlo.
  • Está eufórico/a y no sabe cómo comunicarlo.
  • Dificultades para gestionar emociones y sensaciones.
  • Dificultades para la autorregulación.
  • Gritar es una forma de canalizar emociones y autorregularse.
  • Es ecolálico y hay que descubrir qué función cumple. Sea o no adecuada.
  • En su entorno más cercano le hablan a gritos y generaliza a otros contextos como parte de una conducta normalizada y funcional.
  • Dificultades comunicativas en general.
  • Situación pre-crisis por el motivo o motivos que sean.
  • Se trata de una conducta no funcional que se ha ido reforzando con el paso del tiempo sin haber sido facilitadas alternativas.
  • La sensación que le produce el grito le calma de alguna manera.
  • Cada grito puede significar “algo”. Las familias y especialistas solemos diferenciarlos.

No todo es lo que parece…

A grandes rasgos, estos serían algunos de los motivos más habituales por los que un niño o niña con discapacidad intelectual suele gritar. Por lo general, suele haber un motivo detrás, aunque puede ser difícil conocerlo y trabajar sobre ello. Pero con la conclusión que me gustaría que os quedárais, es que no es una situación buscada ni que se deba a un estilo de crianza permisivo. No es agradable ni para la familia ni para el niño o la niña.

En mi día a día trabajo con niños que gritan. Gritan MUCHO. Lloran. Lloran COMO SI SE ACABASE EL MUNDO. Presentan ecolalias CONTINUAS. Y muchos de ellos sufren en esos momentos en los que pierden el control sobre sí mismos.

¿Qué me funciona con ellos?

  • Mostrar calma.
  • Tener paciencia.
  • Cosquillas muy suaves o caricias.
  • Una canción de vuelta a la calma.
  • Un paseo y que nos pegue el aire.
  • Buscar un material que les regule. (Vibrador, plastilina, bolas de gel…)
  • Enseñarles.
  • Esperar.

Calma, paciencia y comprensión. Y, a partir de ahí, vamos haciendo camino.


Para saber más sobre autorregulación y técnicas de vuelta la calma:

Deja un comentario

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

A %d blogueros les gusta esto: